martes, 3 de julio de 2007

7

"Antes metías 100 pesetas, y sacabas 2 latas de refresco."

Aún recuerdo el momento en que la picaresca aún existía y todos podían defraudar a esos incansables autómatas que poblaban, en menor medida que ahora, algunos de los puntos de afluencia humana.

Aún recuerdo, ésto más vagamente, cuando en la ciudad había sitios donde pararse a pensar. Sitios sin duda tranquilos, en armonía con el karma, de anónimos y libres pensamientos. Es cuanto menos tortuoso el hecho de llegar a ese estadio donde la conjetura y el análisis se funden para finalmente musitar ¡BASTA!.

Y es que, pocos lugares o situaciones te acreditan para, con tranquilidad, echar por unos segundos la vista atrás y de nuevo darte cuenta de que eres un puzle que se monta y desmonta constantemente y de manera radical y arbitraria pero que, en cada una de esas billones de piezas que te componen, hay una parte de un todo llamado tú.

Al descubrir eso, al reflexionar y comprender el giro del universo; la fuente a cuyos pies te sentaste para pensar, se enciende (porque en el universo donde yo vivo, hasta las fuentes se encienden) comenzando con sutiles y certeras gotas a borrar todos y cada uno de esos pensamientos transcritos con tinta.

También te moja a ti, por lo que te vas.

Fin del pensamiento, comienzo de las vacaciones.

Joya